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El lenguaje inclusivo como «norma” de empatía e identidad.

El lenguaje es poderoso, dinámico, y define la forma en la que vemos el mundo. Las palabras que utilizamos para comunicarnos son las bases para nuestra conexión con otros, con nuestro entorno, y con nuestra propia identidad. Identificarnos en nuestros propios términos y ser reconocidos con palabras inclusivas forma parte de la democratización del lenguaje y del orgullo de ser quienes somos.

 

Por “lenguaje inclusivo en cuanto al género” se entiende la manera de expresarse oralmente y por escrito sin discriminar a un sexo, género social o identidad de género en particular y sin perpetuar estereotipos de género.

 

Dado que el lenguaje es uno de los factores clave que determinan las

actitudes culturales y sociales, emplear un lenguaje inclusivo en cuanto al género es una forma sumamente importante de promover la igualdad de género y combatir los prejuicios de género *El propósito del lenguaje inclusivo es llamar la atención hacia conversaciones necesarias sobre cuestiones normalizadas e internalizadas como el androcentrismo y el heterocentrismo.

 

La Encuesta Nacional de Salud Mental de Jóvenes LGBTQ del Proyecto Trevor (2020) en los Estados Unidos indicó que 25% de jóvenes usan pronombres o una combinación de pronombres neutros. Otro estudio sobre la salud mental de jóvenes transgénero en el país, apoyado por el Instituto Nacional de Salud Mental, encontró que los jóvenes que pueden usar su nombre elegido reportan menos depresión e ideación y comportamiento suicida, los cuales suelen ser elevados para este grupo de adolescentes.

En los últimos años, han surgido varias herramientas que ofrecen orientación específica sobre cómo incorporar el lenguaje inclusivo en lugares de trabajo, escuelas y otros ámbitos. La Premie Nursing Academy en Florida asesora a los proveedores de atención medica sobre el lenguaje inclusivo que “no hace suposiciones ni incluye negatividad sobre poblaciones LGBTQ+… y evita discursos que contribuyen a crear un entorno poco acogedor”. La guía sugiere, por ejemplo, utilizar frases como “todos los sexos” y “sexo asignado al nacer” en vez de “ambos sexos” y “sexo biológico”, y para identidad de género sugiere usar “todos los géneros”.

 

Otras sugerencias incluyen el uso de nombres propios en lugar de Sr. o Sra., a menos que la persona pida lo contrario, y utilizar “relaciones entre personas del mismo sexo” en vez de “relación gay o lesbiana”. Una guía de estilo para periodistas recomienda “si la persona que es entrevistada es transgénero o no se identifica con un género u otro, lo adecuado es preguntarle su pronombre preferido”. La guía pide que los periodistas sean conscientes de que, aunque el pronombre dado por el entrevistado pueda no coincidir con su nombre y/o apariencia física, debe ser respetado.

 

En el sector privado, American Express es un buen ejemplo de una empresa que aboga por el lenguaje inclusivo. Aparte de crear espacios incluyentes, American Express destaca que entidades del sector privado deben utilizar el lenguaje inclusivo porque 1) disminuye el sexismo y evita promover prejuicios, microagresiones y la exclusión en el lugar de trabajo, 2) contribuye a reducir brechas de desigualdad laboral dado que puede atraer a grupos diversos de personas que sean candidatas para una vacante, y 3) puede atraer a diversos clientes.

Aunque el lenguaje es algo que aprendemos e internalizamos desde la niñez, continúa

evolucionando a lo largo de nuestras vidas. Busquemos formas de transformar nuestras palabras en instrumentos de cambio y de inclusión. Este es un proceso de aprendizaje que inevitablemente incluirá errores. Esto es normal. Pero es importante intentar y crecer junto con el lenguaje. Y si se cometen errores sin querer, corrígete, discúlpate y sigue adelante.

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